Si fueras diseñador, ilustrador y músico, serías Andy Gilmore. Este multifacético individuo ha logrado llevar su música a planos gráficos gracias a la geometría. Se bien que, probablemente suene a que estoy desvariando y mis palabras carecen completamente de sentido, pero es que el trabajo de Gilmore no podría explicarse de otra manera. Vórtices cromáticos que hipnotizan y hechizan al ojo al compás de notas digitales, es más o menos como se podría describir en palabras el trabajo de este artista.
Siempre he pensando que es mejor trabajar en un ambiente multidisciplinario pues, de otra forma, es casi imposible crecer como diseñador o en cualquier profesión en la que uno se desenvuelva. Combinar perspectivas y apreciar la forma en la que otra persona se atreve a mirar el mundo, es una oportunidad que se debe aprovechar. Pero muchas veces hay quienes vienen a este mundo con talento de sobra y no necesitan de otros para llevar su trabajo a diferentes niveles. Personas como Andy Gilmore, son capaces de producir ideas que fusionan sus múltiples dones con exquisita facilidad.
El constante vaivén entre el diseño gráfico, la ilustración y la música, ha derivado en una compleja colección de imagenes digitales que derriten la pupila. La sincronía de su música y sus gráficos, así como la implementación de la secuencia Fibonacci a sus obras, ha hecho que en cada una de sus composiciones geométricas se perciba una sensación de infinitud y perfección, capaz de seducir para siempre los ojos del observador.
Sorteando espirales, triángulos y polígonos, la obra de este artista absorbe y deleita al espectador. No se ustedes pero nunca las matemáticas me habían parecido tan sublimes.
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Esta finísimo esto!
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